Desperdicio alimentario
Política y Economía

Apuntes sobre el desperdicio alimentario – Parte III

Cuando se trata de medir el impacto de una acción en el medio ambiente, el mayor inconveniente radica en la discrepancia entre diferentes bases de datos. Como primeriza en la materia —nueva en el mundo de los data sets y de métodos estadísticos en materia ambiental— mi mayor preocupación al abordar esta investigación, era el de compartir información fidedigna. Porque seamos honestos: hasta en la comunidad científica existen los que publican por publicar.

Por ejemplo, en materia de desperdicio alimentario: el informe de la Unión Europea y el de HISPACOP comunican cantidades tan dispares, que pareciera que se refieren a planetas distintos. En el fondo, gran parte de esta divergencia se explica porque estos organismos no trabajan con datos extraídos, sino con estimaciones. ¿Entonces qué? Pues debía encarar un trabajo de investigación a partir de inputs inciertos.

Admito que esto no fue alentador ni para mí ni para mi compañero, con quien habíamos formado equipo al comenzar el Taller de Periodismo de Datos de MediaLab Prado. Pasamos las primeras jornadas golpeando nuestras cabezas contra los ordenadores, intentando descifrar cuál sería el camino más transparente (o menos accidentado) para construir un reportaje divulgativo veraz.

Pero no podíamos permitirnos quedar inmovilizados. Tras analizarlo cuidadosamente, optamos por utilizar las estimaciones de la Unión Europea, las mismas que han sido adoptadas por la mayoría de organizaciones e instituciones.  Así, podríamos trabajar con los informes oficiales de la Comunidad de Madrid y hacer comparaciones con los países vecinos.

Según el informe de la UE, se calcula que el desperdicio alimentario en España es de 7 toneladas de alimento al año. Las estimaciones indican, además, que el desperdicio alimentario en España se dispara en el eslabón final de la cadena: el consumo en el hogar. Así pues, el 42% del desperdicio es producido en los hogares.

Cabe mencionar, que estas cifras son más o menos similares en la mayoría de los países “desarrollados”, mientras que en los países en vías en desarrollo, es al revés: la mayoría del desperdicio ocurre en los primeros eslabones de la cadena.

Ahora quedaba definir un norte y avanzar sobre él: si queríamos contar con el apoyo del equipo de mentores del taller, era tiempo de tomar decisiones más rápidas. O menos lentas.

 

 

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