¿Cómo bebe el camba boliviano?

En 1956, el antropólogo estadounidense Dwight Heath buscaba un lugar donde realizar su trabajo final de grado. Como su primera opción fue denegada, optó por realizarlo en Santa Cruz, Bolivia. En compañía de su esposa Anna y el bebé de ambos, se instaló en Montero durante año y medio, dejando un importante registro sobre la costumbre de los lugareños de aquella época.

Los Heaths estudiaron al pueblo montereño con el método etnográfico tradicional: sumergiéndose en sus costumbres. Compartieron con la gente del lugar, se adentraron en su diario vivir y adquirieron sus hábitos como si hubieran nacido allí. Como algunos sospechaban de ellos —corría el rumor de que eran misioneros camuflados—  comenzaron a fumar cigarrillos y bebieron alcohol en las fiestas populares.

Anécdota René Barrientos

¿Cómo eran los cambas?

Heath describe a los cambas como: “mestizos que hablan una mezcla entre lenguas indígenas de la región y el español andaluz del siglo XVII.” Además, se refiere a Montero como un “espacio vacío en el mapa“, una tierra a la que se le prometía línea de ferrocarril, avenidas, caminos, ser tomada en cuenta por el gobierno nacional… pero sólo en promesas quedaba.

“(..) una tierra a la que se le prometía línea de ferrocarril, avenidas, caminos, ser tomada en cuenta por el gobierno nacional… pero sólo en promesas quedaba.”

En 1956, Montero carecía de pavimento y aceras. Las casas eran de adobe, con techo de estuco y azulejos. La Plaza principal la componían tres palmeras, y los pocos que tenían automóvil manejaban Jeep. De hecho, Montero era tan pequeño que, cuando alguien tenía carne en casa, colocaba la piel del animal en la calle para que se supiera que había carne en el pueblo. Ante el anuncio, la gente acudía con hojas de plátano que hacían las veces de plato. Para acompañar, algunas mujeres preparaban una olla grande de arroz y algo de salsa.

La etnografía debía centrarse en hábitos de la cotidianidad de Montero, idea que Dwight mantuvo hasta su regreso a Estados Unidos. Un día, durante la redacción del trabajo, conoció a uno de los miembros del ‘Centro de Estudios sobre Alcohol’ de la Universidad de Yale. El centro había sido creado para estudiar la relación existente entre el consumo alcohólico y la cultura. Durante la conversación, surgió la pregunta: “¿Cómo beben los cambas?”.

En ese instante Dwight y Anna se dieron cuenta de que durante el tiempo que estuvieron en Montero habían pasado todas las semanas bebiendo. Es así que, tras revisar sus apuntes, cambia el enfoque de la etnografía y en 1958 publica: ‘Drinking Patterns of the Bolivian Camba‘, trabajo del que muy pronto solicitarían copias e impresiones desde todos los rincones del mundo.

¿Cómo beben los cambas?

La fiesta comenzaba el sábado en la noche y se extendía hasta el lunes por la mañana, cuando debían ir a trabajar. Los cambas no bebían solos. No bebían en días de trabajo. Y sólo bebían dentro de la estructura de un elaborado ritual.

“Los cambas no bebían solos. No bebían en días de trabajo. Y sólo bebían dentro de la estructura de un elaborado ritual.”

La composición del grupo era informal: por lo general doce invitados; a veces, también se unía gente que pasaba por el lugar. Los asistentes se sentaban en círculo alrededor de un músico, quien tocaba la percusión o la guitarra.

El dueño de casa ponía la primera botella, llenaba un pequeño vaso e iba invitado por invitado compartiendo la bebida. El brindis era primero: se hacía un ademán con la cabeza y se elevaba el vaso en el aire. El anfitrión tomaba la mitad y la otra mitad el invitado de turno. Cuando alguien se sentía muy cansado o borracho, se acostaba un par de horas y luego se unía a la fiesta, recompuesto.

La bebida que tomaban era ron de alguna de las refinerías locales. Los Heath describen el sabor como “horrible”; el ron les hacía llorar los ojos y ni siquiera a los cambas le gustaba. El ron quemaba y el olor a alcohol —tufo— permanecía todo el día siguiente.

Más tarde, ya en Estados Unidos, los Heath hicieron analizar una botella de este ron. Los resultados fueron sorprendentes: por el grado de concentración de etanol, el ron era comparable al alcohol que utilizan los doctores para curar tejido. Es decir, los cambas bebían alcohol medicinal una vez a la semana; y sin embargo, no había peleas, no había violencia, no había agresiones verbales ni físicas: sólo conversación amena o silencio.

“(…) por el grado de concentración de etanol, el ron que bebían los cambas era comparable al alcohol que utilizan los doctores para curar tejido.”

Para Dwight, esto se explica porque la sociedad camba estaba marcada por una singular falta de “expresión comunal”. La mayoría era campesinos cuyo trabajo diario tendía a ser solitario y las jornadas laborales muy largas. Además, había pocos vecindarios o grupos cívicos, lo que hacía de las fiestas el corazón de la vida comunitaria camba.

Es decir, este ritual elaborado —una botella a la vez, el brindis, la sentada en un círculo — servía para dar al camba una estructura clara. No se identificaba alcoholismo, ni hubo signos de comportamientos antisociales como el no estar a la altura de las responsabilidades sociales, incidentes de agresión o evidencia de desinhibición sexual.

Por el contrario, consumir altas dosis de alcohol, incluso hasta el punto de la inconsciencia, contribuyó a la solidaridad social y la salud grupal de los cambas, además de facilitar la “relación entre individuos que normalmente están aislados”.

La gran importancia de los hallazgos —que cuestionaron la creencia de que el uso continuo de alcohol era adictivo y perjudicial para la salud— hizo de esta etnografía un referente de estudio a escala mundial.

FUENTES DE CONSULTA
https://www.newyorker.com/magazine/2010/02/15/drinking-games
https://www.researchgate.net/publication/9987658_Drinking_patterns_of_the_Bolivian_Camba